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Disculpad, no sabía de vuestro
regreso. Bienvenido a California.
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Soy el capitán Esteban Pasquale,
asesor militar del alcalde.
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Me honra, pero me desconcierta.
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Decidme, ?por qué mi padre
ha convertido su casa en un cuartel?
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Las cosas han cambiado mucho.
Vuestro padre dimitió.
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Debido a su edad. Desde entonces,
los peones se han vuelto más diligentes.
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En cuanto a los caballeros, se les exhorta
a que se ocupen de sus propios asuntos.
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Nosotros nos encargamos de gobernar.
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Ya veo. Decidme,
?quién ocupa el cargo ahora?
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- Don Luis Quintero. Os lo presentaré.
- Desearía ver a mi familia. ?Dónde está?
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En su vieja hacienda.
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Don Luis no me perdonaría
que os fuerais sin saludarle.
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Estoy seguro de que
me querréis ahorrar esa reprimenda.
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?Cómo negarme ante alguien
con un sable en ristre?
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Por fin alguien ocurrente.
Acate las órdenes, sargento.
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Es una costumbre tonta.
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Algunos juegan con el guante,
el monóculo o la caja de rapé.
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Los sacerdotes juegan con el rosario,
yo con el sable.
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?Os gustan los sables?
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Sé poco del tema, mi querido capitán.
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El manejo del sable me resulta muy violento.
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?Dices que este gallo
mató al del pecho negro?
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- Sí, excelencia.
- ?Fue una pelea sangrienta?
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Todo el mundo acabó cubierto de sangre.
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Qué pena que me la perdiera.
?Cuánto pides por él?
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Es un ave majestuosa. Está bien entrenada.
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Pido 40 pesos, excelencia.
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?40 pesos? A este estafador
habría que subirle los impuestos.
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No, excelencia. Os lo regalo.
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No os costará ni un céntimo.